lunes, 4 de agosto de 2014

Para quererte mejor - de Jaime Barylko


Comparto con vosotros algunos trozos de este libro de Jaime Barylko, que como la mayoría de los que he leído de su autoría, tiene reflexiones muy profundas. Espero que les gusten tanto como a mí. 


Tengo que aprender a quererte
PARA QUERERTE MEJOR 

 Quiero quererte. Y no es fácil. Mi egoísmo, mi ser embotellado en su afán de realizar el "uno mismo", hace esfuerzos por salir de sí y alcanzarte. Es una ardua tarea. Quiero quererte, pero tengo que aprender a quererte, tengo que aprenderte.
   No eres una cosa. Eres un ser humano. Una persona. Es decir un misterio perpetuo, una imprevisibilidad infatigable, una sorpresa que nunca se agota.
   Aprender una cosa es "aprehenderla", tomarla y dominarla, con las manos, con el intelecto.
   Pero tú te me escapas, te diluyes entre los resquicios de toda malla que busque atraparte. Así eres de elusiva, de evasiva. Como lo soy para ti. Años de vida nos ligan, y sin embargo amanecemos lejanos, ausentes, distintos. 
   ¡Qué complejo es amar, y amar bien, amar para el bien! ¡Qué  escarpada ladera de montaña es este camino, el que me propongo -el que quiero proponerme y proponerte-, el de querernos mejor!
   Querer no es difícil, lo complicado es querer al otro en calidad de otro, ¡y que su bien sea el mío!
   Para quererte mejor, debería liberarme de esquemas, prejuicios, ideas que tengo de mí, que tengo de ti; son petrificaciones de la fantasía que luego, en la realidad, no hacen sino fallar, quebrarse, y uno llora porque el otro le falla, pero es uno el que falla, y ni siquiera uno sino esa idea, esa imagen que uno se ha hecho de sí, del otro, de la vida, de la felicidad, a la que quiere serle fiel a toda costa.
   Para quererte mejor debería serte fiel, a ti, a tu realidad, y no a la imagen o construcción mental que proyecto sobre ti. Tendría que deshacerte todos los días, y volver a recomponerte en un puzzle al que siempre le faltan, obviamente, piezas.
   Es un trabajo. De eso se olvidaron los que nos enseñaron el camino de la vida. Nos dijeron que el amor era un sentimiento, y que con el sentimiento era suficiente. Ahora lo sé: comienza siendo un sentimiento, una pasión envolvente, alucinante, pero es amor en el punto en que la lava se cristaliza en formas de vida que comprenden una decisión compartida. Decisión de compromiso. Com-promiso, la promesa que crece entre dos.

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Los lazos

   ¿Con qué elementos, con qué cinceles iremos esculpiendo la eternamente inconclusa obra de nuestro amor? La gran lección la dio Saint-Exupéry en El Principito 
   El Principito se encontró con el zorro y quiso jugar con él.
   "-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-. No estoy domesticado."
   El Principito le pregunta qué es eso de estar domesticado. El zorro le explica qué es domesticar:
   "-Es una cosa demasiado olvidada -dijo el zorro-. Significa ´crear lazos´.
   "-¿Crear lazos?
   "-Sí -dijo el zorro-. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo..."
   Ésta es la lección del zorro. Conviene revisarla, meditarla. Ser amigos, relean ustedes, es crear lazos. Lazo es lo que te une. Lazo es una dependencia entre nosotros. A través de la convivencia uno se domestica, se hace cercano al otro, y de ese modo el otro se le vuelve necesario. Si no, el otro es uno entre millones. Para que sea algo relativo a mí, tiene que ser distinto, pero enlazado conmigo, y a través de ese lazo (al matrimonio, la sabiduría del lenguaje lo llama "enlace") cada uno se torna único para el otro, porque comparten un mundo.
   Domesticarse, en lenguaje del zorro, es hacerse el uno con el otro, recíprocamente, uno por el otro. Escuchen al zorro:
   "-Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero si me domesticas mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música."
   Ser amigos. Es tener algo en común, a diferencia de ser extraños. Y no temer. Amar es confiar en el otro, abandonar mecanismos de ataque y defensa. Los extraños tienen en principio rechazo por los extraños, porque no conocen el ruido de sus pasos, sus intenciones, sus códigos, sus reglas, sus límites.
   De eso habla el zorro. Conocer el ruido de tus pasos. Te oigo venir y sé que eres tú. Es música ese sonido... Es sonido de amistad versus otros sonidos que pueden ser de peligro, por ser ajenos, es decir des-conocidos. Y qué es lo desconocido. Lo que no creció junto a mí, lo que no está en el terreno de mi mundo, de mis reglas, que son nuestras al ser compartidas.
   Claro que, sigue explicando el zorro, para domesticar, que es convivir, para co-nocer, es decir hacer algo en conjunto, para ello se necesita tiempo.
   "-Sólo se conocen las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. compran cosas hechas a los mercaderes. pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!"
HAY QUE SER MUY PACIENTE
   
   El Principito está ansioso por tener un amigo, por domesticar, domesticarse. Le pregunta al zorro cómo se hace.
   El zorro le enseña:
   "-Hay que ser muy paciente -respondió el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca...".
   No es hablando que se hacen amigos. Es conviviendo. De lejos y un poquito, cada vez más, de cerca. Mirándose. Haciéndose próximo el uno del otro para trazarse un lazo, una relación, una recíproca dependencia.
   Y acá viene el momento más sorprendente entre los consejos del zorro: hay que tener disciplina. Paciencia dijo antes, ahora dice disciplina.
   Sí, el caos no produce nada. La creatividad, en cambio, requiere de ciertos marcos, de cierta contención que son los límites, el orden.
   "-Hubiese sido mejor venir a la misma hora -dijo el zorro-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres... Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Los ritos son necesarios."
   Éste es el punto culminante, hijo mío: los ritos son necesarios. Los ritos son disciplinarios. Límites que no se imponen, responsabilidad de hacer las cosas de cierta manera que el otro espera que yo realice. La hora, el modo, el cómo, el cuándo. Éstos son ritos. Sin ritos no hay lazos.
LA ROSA ÚNICA

   El Principito tenía una rosa en la mano. De pronto se da cuenta de que esa rosa, que era como todas las rosas, no es como todas las rosas. Porque esa rosa, en su mano, se acomodó a su mano, su mano a esa rosa, y se pertenecen recíprocamente. Se domesticó.
   Luego el zorro le hace ver el párrafo más famoso de El Principito: 
   "-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto.  Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos".
   ¿Y qué es lo esencial?
   "-El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante:"
   La lección concluye con este gran final, que ya no es tan famoso como la frase antes citada, y sin embargo es la cima de esta reflexión.
   "-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. eres responsable de tu rosa..."
   Tener un amigo es tener una responsabilidad. Una relación es un lazo, es una dependencia.
   

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